Cuando un retrato es bueno se puede percibir el contacto que existió entre el sujeto y el artista. Una simple mirada que comunique la sensibilidad de ambos, aquel que nos regala un segundo de espontaneidad, como aquel que suele capturarla.
Una de las facetas de la rotulación que más me llama la atención son los retratos de personajes. En algunas ocasiones suelen ser atinados y mantienen una semejanza al personaje real, en otras ocasiones no son para nada parecidos, pero de una u otra forma la gente los reconoce por la relación que guardan con las portadas de sus discos, posters de películas, programas de televisión, libros o simplemente porque en la sociedad ya son íconos con los que hemos crecido.
Lo interesante del estudio de la gráfica popular es que de manera muy explícita conoces quienes son los personajes que influyen en cada sector, desde artistas del cine, géneros musicales, líderes políticos, etc.
Lo que más me gusta de esta pieza es que pude ver su mutación. Hace unos meses la pintura mostraba a una gallina tratando de cuidar a sus pollitos y todos corrían para refugiarse. En la restauración actual la gallina se enfrenta con valentía a la amenaza.
Esta pieza refleja mucho la identidad del lugar, donde sobrevive el más fuerte y en donde nadie se retracta sea cual sea la amenaza.